Filosofía para bufones


Con qué puede ser más compatible la filosofía que con el humor, y no porqué naciera haciendo reir a una jocen esclava tracia, sino porque siempre se ha dicho que el sabio es aquel que se rie de sí mismo, porque lo que se aprende de manera divertida nunca se olvida, porque en definitiva la vida es un gran chiste. “Tal vez burlarse de la filosofía también sea –como dijo Pascal– hacer filosofía” (p.7). De esta manera tan singular invita este libro a un recorrido por la historia del pensamiento de la mano de las anécdotas y las agudezas de los grandes filósofos. El autor se limita a proporcionar un contexto filosófico al principio de cada etapa a la que pertenecen las bromas seleccionadas.

Entre burlas y chistes este libro ofrece un pequeño repaso a la historia de la filosofía, mostrando en ocasiones la cara más cómica de algunas controversias filosóficas. El itinerario se remonta a la antigüedad clásica donde se destaca sobre todo a los cínico y cirenaicos, como Antístenes, Diógenes y Aristipo. Por ejemplo “cuando Diógenes fue hecho prisionero y puesto a la venta como esclavo, el vendedor le preguntó qué sabía hacer, y éste respondió: 'Sé mandar. Mira a ver si alguien quiere un amo'” (p.48). Todos ellos discípulos traviesos de Sócrates, al igual que Aristóteles o Platón. Entre la época clasica y la medieval se encuentra una novedad: la filosofía oriental. Un breve repaso a una historia del pensamiento prácticamente desconocida en Occidente, que no ha tomado en serio los pensamientos del antimetafísico Buda, el benévolo Confuncio o el desconocido Chuang Tzu. A estos pensadores que se dejan enseguida de lado por no poder separarlos de una religión le siguen paradójicamente las anécdotas con el tono más clerical del díscolo San Agustín, el ecléctico Ramon Llul o al reflexivo Santo Tomás de Aquino.


La siguiente etapa es la filosofía moderna. Desde los sueños de Maquiavelo a los ideales de Marx, se recorren las posturas cientifistas, y las tantas veces contrarias ideas políticas de mejorar la sociedad. Hasta llegar al destino de los renovadores del pensamiento ilustrado que debemos tomar en serio. Poco dura la seriedad con las diversas anécdotas y caricaturas de Voltaire, Roussea, Kant o incluso Madame de Staël que en el libro se encuentran, obra de Anthony Garner. A ésta última “cuando le preguntaron por qué las mujeres guapas tenían más éxito entre los hombres que las inteligentes, respondió: 'Porque hay pocos hombres ciegos, pero muchos hombres tontos'” (p.125). Después de estos los más dotados para el humor en la filosofía contemporánea fueron Nietzsche o Russell. Que con sus mordacidadez o deducciones lógicas se hacen un hueco en la última parte del libro. Precisamente fue Nietzsche quien escribió que el hombre es el animal que sufre tan inténsamente que ha tenido que inventar la risa o aludiendo a su desconfianza en el ser humano dijo que “los monos son demasiados buenos para que el hombre pueda descender de ellos” (p.146).

Con sufrimiento o no, nadie puede negar que una de las características distintivas del ser humanos es su risa.No hay que buscar en este libro un manual histórico, o una prosa elegante, el autor se presenta en la contraportada como un barrendero, documentalista, profesor de filosofía y tirititero frustrado. No acertaría a decir cuál de esas profesiones le llevó a escribir este libro pero la realidad es que resulta una gran oportunidad, primero, para desterrar muchos prejuicios a jóvenes que la ven como un peso, acercándolos así de una manera atractiva a la historia del pensamiento y segundo, para los que no tenemos ya prejuicios es una manera refrescante de repasar autores, conocer algo más de sus vidas y aumentar los comentarios en una explicación, unos apuntes, una nota a pie de página o un examen. Hoy en día que está tan de moda la filosofía a martillazos quizá haga falta más filosofía a carcajadas como el mejor de los prozacs.
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