Universalización del pensamiento crítico

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Tengo la impresión de que ya no soy yo quien escribe, sino que mis escritos me dominan y viven sin hacerles falta yo y no sé hasta qué punto me hace gracia esta independencia. Hay que ser cautelosos por que las palabras pueden ser plumas llevadas por el viento o convertirse en piedras pesadas sujetas al cuello. Una vez soltamos la correa no sabemos dónde van, pero ¿acaso el lenguaje se puede domesticar? Pues ¿qué son si no las reglas y normas de ortografía y gramática? Cada vez que nos olvidamos de éllas asestan pequeños latigazos que se ensañan con las inocentes palabras.

También nosotros recibimos esos fuertes arañazos que hieren los ojos cuando los leemos y que deberían doler en la mano al escribirlos. Pero no son estrictamente necesarios, de hecho esas reglas cambian en acuerdos de salón de intelectuales. Si el lenguaje es espontáneo ¿es la regla un encorsetamiento o tiene algo de vivo? No es sólo un convenio y si lo fuera, desde un punto de vista pragmatista, nos es útil para escribir y sobre todo para hacerlo bien.

Pero el lenguaje sólo es una premisa necesaria para empezar a escribir; luego se encuentran otras más o menos necesarias como las ideas. Parece bastante acertado afirmar que para escribir filosofía primero hace falta leer mucha filosofía, y poder proseguir asó por caminos trillados. Discutía estas fiestas con alguien que afirmaba lo contrario. Esta persona singularmente sorprendente, pero que no se dedicaba en absoluto a la filosofía, defendía la pureza del pensamiento. Para él, la lectura envenenaba el pensamiento y lo condicionaba. No se debería leer nada de un tema hasta forjar un pensamiento propio sobre él. El pensamiento, concluía, debería ir de dentro a fuera y no al revés.

¿Es esto posible? Al principio rechaze su argumento como simple, haciendo alarde de una arrogancia intelectual que finalmente derrumbó. En seguida me vino a la mente la frase de “enanos a hombros de gigantes” y por tanto ¡cómo se va a desarrollar el pensamiento sin lectura! Comte pudo cansarse pronto de leer, pero es quizá la excepción que confirma la regla. La filosofía sería vaga, no sabría por donde encaminarse y como las mentes excepcionales no proliferan demasiado volvería a tropezar en la misma piedra que sus predecesores. Finalmente me di cuenta de que la simple estaba siendo yo al no ver más hallá de sus palabras.

Claro que hay que leer ¡sólo faltaría no leer y querer que encima nos leyeran!, pero hay que hacerlo con mirada crítica. ¿Cuántas veces se abre un debate en la sociedad y antes incluso de parar a preguntarnos nuestra opinión acudimos a ver qué han dicho otros? Presentes o pasados, da igual, el problema al que estaba apuntando era el del libre pensamiento. Tenemos al alcance tantas opiniones que parece por un lado que todas valgan lo mismo y luego conduce a que no haya un pensamiento autónomo. Ese conformismo conlleva un atrofiamiento de la razón muy difícil de superar.

No sólo tenemos que acostumbrarnos a forjar y defender pensamientos propios forjados en la reflexión, sino que de alguna manera debemos dar los recursos para que otros hagan lo mismo. Una sociedad globalizada no significa unificación de pensamiento, de conciencia o de comportamiento. No percatarse de ese detalle es el que está dejando que el relativismo tenga tanto auge. Realmente no somos nadie y nos creemos lo más. En la Edad Media encontramos filósofos-teólogos. En la Edad Moderna ocuparon su lugar los filósofos-científicos. Sólo en la Edad Antigua encontramos más filósofos-filósofos. Hoy en día todo el mundo, como ese alguien, cree ser un pequeño filósofo menos los que se supone que pretendemos serlo.


1 comentario:

Kaimpo dijo...

Marguerite Yourcenar leyó muchos libros: posteriormente, como cuenta en "Memorias de Adriano", "La vida le aclaró los libros".

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